Andar por los caminos o "parcelarias" como por aquí los llaman, y trasladarte de un pueblo a otro por la linde de la sierra, sin entrar en los "montes", cruzándote con las máquinas en plena faena, cosechando el trigo o la alubia o la remolacha o la patata, bajo un sol que derrite los requesones bajo la celada, que a tener yo un escudero le dijera -"¿Qué será esto Sancho, que parece que se me ablandan los cascos, o se me derriten los sesos, o que sudo de los pies a la cabeza?"
Pues yendo por ellas, por las parcelarias, acabé entrando en Villar de Torre, nombre bonito donde los haya. Venía de Villarejo, y antes de Manzanares de la Sierra, y antes de Cirueña y sin tocar asfalto en todo el tiempo.
Y sucede que en estos pueblos, a veces te encuentras una población mayor, poca y aburrida, sentada a la sombra del muro de la iglesia, que te llaman con la mirada preguntándose de dónde vendrá éste vestido como un bufón mojigato y saliendo como del hayedo qué pena que no haya ya lobos que le dieran un buen susto.
Este que retraté en la imagen, y que posó de buen grado junto a Scotty, no es otro que Alfredo, el antiguo panadero de Villar de Torre. Allí hechamos sus buenos treinta minutos durante los que me contó su oficio de antaño, y cómo se especializó en unos dulces de coco que eran el vicio de todo el valle. Los pueblos están muertos, me dijo, y sobre todo éstos que están tan a desmano, tan entrados en los "montes". Al principio viene alguno y compra una casa, o se la hace, buscando la tranquilidad que dice no tener en Bilbao en Donosti o en Madrid, pero al final, me decía, acaban aburriéndose todos, y acaban malvendiendo o encabronándose por haber tenido tamaña idea de venirse tan lejos de los wifis esos y del jolgorio del turisteo de Haro Sto Domingo o del mismo Cirueña.
Alfredo. Con ganas de hablar. Con ganas de ser escuchado, me habló de sus hermanos en California, uno predicador ¿?, sí, sí... y de otra hermana en Zaragoza, buena comprando y vendiendo parcelas que se ha hecho un patrimonio.
Alfredo se casó con una de las gemelas de los Masip de Ezcaray. Que a su vez dieron más gemelas, siendo las que se ven estos días tras la barra sirviendo esos pimientos rellenos que son una gloria.
Buen Alfredo. Un placer haber charlado contigo. Bello pueblo y buena plática.

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