jueves, 28 de agosto de 2014

VINTAGE

Tuve una bici vintage. bueno en realidad sólo era antigua, vieja. Sucedió durante mis veraneos de adolescente en la tierra que vio nacer a mis padres: el Valle de Alcudia. Fuimos a la casa semiderruida en la que había crecido mi tío Reyes, y allí estaba apoyada en un muro de adobe, tal cual la habían dejado seguramente en los años sesenta, cuando explotó la diáspora urbana y echaron las enormes llaves a la mayoría de las casas de Alamillo. Alguien la dejó allí. huérfana y olvidada durante décadas. Las telarañas le habían surgido de cada ángulo, de cada tubo. Y el punto de las cubiertas que estaba en contacto con el suelo se había desintegrado hasta depositar la llanta desnuda sobre la baldosa antigua de la casa. Ante mi asombro y devoción mostrada por el descubrimiento, mi tío me la regaló, y fue que con ella rodé por aquellas calles adoquinadas y por aquellas carreteras pespunteadas de encinas y  eucaliptos todos los agostos de mi adolescencia. La llamaba "El Tractor". No me acuerdo exactamente por qué, aunque seguramente sería por la fuerza que demostraba al llevarnos encima hasta a cinco o seis gañanes adolescentes cuesta abajo por "La Cabrera".
No recuerdo la marca. Por aquel entonces no me interesaba en absoluto. Aunque creo que todavía puedo rastrearla y colgar aquí alguna foto si es que finalmente la encuentro..
Siempre me han gustado las líneas de las bicis viejas. sus cuadros rotundos y sus frenos de varilla. La robustez y sencillez de sus figuras tajantes. Tan distintas de las estilizadas nuevas figuras que llenan hoy los escaparates de las tiendas.



Orbea en el escaparate de Maestre en Bilbao

El otro día sucedió que al llegar a casa vi aparcada justamente delante de mi portal una fabulosa bicicleta roja como salida de un álbum de cromos. Como sabía que mi padre me esperaba arriba, pues había venido desde Castañares, pensé que se había agenciado aquella maravilla y se había hecho los seis o siete kilómetros que nos separan pedaleando en esa capricho que se habría agenciado vete tú a saber cómo ni dónde.

precioso hallazgo


Pero no. Una vez que estuve arriba con él me dijo que había venido en su coche y que no sabía de qué bici le estaba hablando. Como no podía ser de otra manera le saqué una foto antes de subir a casa, y desde aquel día no he vuelto a verla por el pueblo. No me cabe la menor duda de que volveremos a cruzarnos. San Torcuato es muy pequeño.

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